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domingo, 8 de julio de 2018

La reforma de la Curia

La Providencia y la infalibilidad papal viajan en estos tiempos líquidos a través de WhatsApp, Telegram o SMS. En ocasiones, para los menos diestros, el mensaje incluso puede llegar a través de las ondas y la señal de televisión. Así es como se enteraron de la noticias varios de los 14 nuevos cardenales consultados que el papa Francisco creará este jueves en su quinto Consistorio. Una celebración con la que se acerca al ecuador de la mayoría de purpurados electores nombrados en su pontificado y que permite establecer algunas tendencias con la vista puesta en un hipotético Cónclave del que saldrá su sucesor. La línea está clara: se reduce el peso de Europa, crecen las periferias -sociales y geográficas- y hay una notable insistencia para aumentar la presencia de España, menos representada en etapas anteriores. Un colegio cardenalicio hecho ya muy a la medida de Francisco.



Francisco acelera la formación de colegio cardenalicio a su medida El Papa nombrará 14 nuevos cardenales, entre ellos, dos españoles
La lucha por el poder en la Iglesia
“El peligro en tiempos de crisis es buscar un salvador que nos devuelva la identidad y nos defienda con muros”

Hoy prácticamente la mayoría de Príncipes de la Iglesia que podrán votar en el siguiente Cónclave -solo se produciría si el actual Papa falleciese o renunciase- han sido nombrados por el propio Pontífice: son ya 59 de los 125 purpurados del Colegio (no hay un límite establecido para el total, aunque Pablo VI estableció uno oritentativo de 120). Si se suman los tres mayores de 80 años que recibirán hoy el capelo y el anillo cardenalicio serán 74 los creados por Francisco en estos cinco años. Un proceso que influye notablemente en la identidad geográfica y social de la Iglesia, aunque también en la elección del siguiente Pontífice. Pero nunca es definitivo. De hecho, 113 de los purpurados que eligieron a Joseph Ratzinger el 18 de abril de 2005 habían sido creados por Juan Pablo II durante sus 26 años y medio de papado. Todo hacía pensar que el elegido sería uno de ellos. Sin embargo, la Divina Providencia dictaminó que fuera uno de los dos únicos que había creado Pablo VI.

La reciente mayoría —más de la mitad del colegio— invita a pensar en la irreversibilidad de algunas de las líneas abiertas por este Papa y en la influencia que puede tener su Pontificado en el futuro. “Lo que no tiene vuelta atrás es la mayoría construida de cardenales no europeos. Eso ya había sido manifestado con sus antecesores, pero con él es estable y va aumentando”, señala Giovanni Maria Vian, director de L’Osservatore Romano y experto en historia de la Iglesia. El equilibrio entre continentes se mantiene a través de una profundización en la atención a las periféricas geográficas. Aunque los cardenales europeos en un posible cónclave seguirían siendo la mayoría, al pasar de 47 a 53, con Francisco, por ejemplo, los del continente americano ya son 35 (17 de Norteamérica, 5 de Centroamérica y 13 de Sudamérica). Los de África pasan de 15 a 17; de Asia pasan de 14 a 16 y de Oceanía siguen siendo 4. En esta ocasión los nombramientos alcanzan a España, Irak, Japón, Madagascar o Perú.

 Francisco acelera la formación de colegio cardenalicio a su medidapulsa en la foto
Pero los datos también permiten dibujar algunas de las ideas que tiene en la cabeza el Papa. España, por ejemplo, cobra una especial importancia siendo el único país que ha tenido en cada uno de los cinco consistorios que ha realizado Francisco desde su nombramiento, al menos, a un cardenal: Fernando Sebastián, Ricardo Blázquez, Carlos Osoro, Juan José Omella. Ahora se suman dos más. Uno elector, Luis Ladaria (prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe) y el claretiano Aquilino Bocos (al tener más de 80 años no participará en el siguiente Cónclave). Y eso sí es algo sin precedentes. “El Papa tiene mucha relación con España. Conoce muy bien el catolicismo español. Le tiene estima y está valorando personas y líneas algo olvidadas en los últimos decenios. Reconoce el valor cristiano y su testimonio en el interior del catolicismo español con una cara dialogante y abierta. No tanto por la sede, como por el que está en esa sede. Los perfiles importan mucho”, señala Vian.

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Luis Ladaria S.J.
Uno de ellos es Luis Ladaria (Manacor, 1944), jesuíta como Francisco y figura clave en el organigrama vaticano: es el español de mayor rango en la curia. Custodio de la ortodoxia de la doctrina (antiguamente se llamaba Santo Oficio o Santa Inquisición) y competente en la materia de asuntos delicados como la reciente confirmación de la ordenación de mujeres como sacerdotes o los abusos a menores, su ascenso entra dentro de la lógica vaticana. Quien ocupa ese cargo —Benedicto XVI lo hizo durante 24 años y su predecesor, el cardenal Gerhard Müller, no fue renovado tras cinco años de resistencias a los cambios y a las sugerencias de la comisión que trata de prevenir los casos de abusos a menores— siempre lleva la birreta roja.

El miércoles por la tarde, Ladaria atiende a este periódico y repasa los últimos acontecimientos en la lucha contra la pederastia en la Iglesia. El cambio de rumbo en Chile —los obispos del país han presentado en masa su renuncia por los escándalos— o la condena a cinco años de cárcel a un exnuncio por posesión de pornografía infantil representan un cambio sustancial respecto a un pasado muy próximo. “Hubo un tiempo en que se tendía a cubrir. No solo la Iglesia, sino la sociedad. Pero los tiempos han cambiado mucho y hoy ya no puede ser. Eso es favorecer que los abusos continúen. Y el hecho de que se trate y se castigue debidamente a quien comete este crimen nos interesa mucho para la prevención. Ya no se quiere ni se va a cubrir, porque no sirve para nada. Y además no sería cristiano”.

El otro español que pasará hoy a ser cardenal, el sexto en la era de Francisco, será Aquilino Bocos (Canillas de Esgueva, 1938). Se enteró de su nombramiento el día de Pentecostés viendo la televisión cuando ni siquiera era Obispo, algo insólito desde hace tiempo. A sus 80 años ya no tiene derecho a participar en el próximo Cónclave, su creación es un reconocimiento a una trayectoria donde, entre otras cosas, ha podido mantener una estrecha relación con Francisco. Interrogado acerca de la agresiva oposición que permanece en algunos sectores de la curia y de la Iglesia al actual Pontífice, Bocos da su opinión sobre ese fenómeno. “No conozco personalmente a nadie de los que lo hacen. Pero esa gente debe leer y estudiar más al Papa. Luego, que sean coherentes. No les pido más. Porque este Papa está transmitiendo un mensaje evangélico nítido, y eso es un don especial que recibe la Iglesia. Cada época tiene un Pontífice distinto y este es el que Dios nos ha dado en este tiempo”. Al siguiente, lo elegirá un colegio de purpurados configurado, cada vez más, por Jorge Mario Bergoglio.

La hora del papa Francisco

El pontificado del papa Francisco atraviesa una fase decisiva. Después de cinco años y medio intensos, algunas de sus grandes reformas han encallado o se encuentran despegando. La transformación económica, la estrategia de comunicación del Vaticano, la lucha contra los abusos o la reformulación de la curia han dado resultados dispares. La euforia inicial ha remitido, y también parte del eco mediático. Pronto tocará renovar el impulso reformista con nombramientos de cargos relevantes aún pendientes en la Secretaría de Estado, en el Consejo de Asesores (C9) y en puestos estratégicos del área económica. En junio ha proseguido la acelerada configuración de un colegio cardenalicio cada vez más a su medida, donde los purpurados que ha nombrado ya superan al resto. Pero las voces críticas no cesan. Son sectores conservadores. Pocos y muy localizados, principalmente en el área estadounidense, señalan fuentes de su entorno. “Ahí la derecha está organizada y tiene dinero”, apunta un veterano cardenal. Son voces persistentes, agresivas y, según alguna de la media docena larga de fuentes consultadas, ya piensan en el sustituto de Francisco.

A veces da la sensación de que el Papa cuenta con más apoyo fuera de la Iglesia que dentro

El ala ultra entra a matar. Considera que Bergoglio, de 81 años, no ha actuado hasta ahora como corresponde a un Pontífice. El periódico conservador Il Tempo tituló la semana pasada a cinco columnas y con gran entusiasmo tipográfico: “Habemus Papa”. Una ironía surgida de un discurso en el que el actual jefe de la Iglesia comparó el aborto por causas médicas (malformaciones, enfermedades…) con las prácticas nazis para conservar la pureza de la raza. En el mismo sermón, subrayó también que una familia la forman solo un hombre y una mujer, algo que tranquilizó a la curva más exaltada de la Iglesia. Como si un Papa pudiera decir lo contrario. “Es el jefe de la Iglesia católica, no de una organización progresista. En temas sociales es abierto, pero doctrinalmente es tan conservador o más que Benedicto XVI. Quien piense que puede aprobar el aborto o los matrimonios de personas del mismo sexo está muy equivocado. Esa, desde luego, no será su herencia”, señala un miembro de la curia que despacha con él.

Francisco absorbe la presión y no suele transmitirla. Pero siempre que tiene ocasión de dar un discurso ante la curia —y ya van cinco— se queja de los chismorreos, de la falta de lealtad. De “la desequilibrada y degenerada lógica de las intrigas o de los pequeños grupos”, dijo estas navidades en el tradicional discurso a sus empleados. En los últimos meses ha visto incluso como le acusaban de hereje. “Esas críticas tocan a su corazón. Nunca hemos tenido en la Iglesia una revuelta tan fuerte de los conservadores contra el Papa. Este frente tradicionalmente ha estado de parte del Pontífice y lo que ocurre con Francisco es insólito. Es difícil entender que pasen de adorar a Benedicto XVI a comportarse así con Francisco”, señala un consejero. La corriente reaccionaria está encabezada por el cardenal Raymond Burke, y espera que este pontificado pase a la historia como una mera anécdota. Pero será en los próximos tiempos cuando quede clara la dimensión de su legado, dentro y también fuera de la Iglesia.

La misión política de los últimos Papas ha variado. El polaco Karol Woytila fue el Pontífice que ayudó a derribar el muro entre este y oeste. Y el actual —el primero en 13 siglos que no viene de Europa— busca derribar la barrera invisible entre el sur y el norte. Lo intenta con la defensa de las migraciones —matizada últimamente cuando señala que solo deben llegar los que puedan ser acogidos— en actos como la misa en San Pedro del pasado viernes para celebrar el quinto aniversario del viaje a Lampedusa; la ecología, a la que dedicó una encíclica o la pobreza. Puede verse en todos sus gestos y en los nombramientos de la cúpula eclesial. Uno de los últimos cardenales, por ejemplo, es Konrad Krajewski, jefe de la oficina de limosnas. Un hombre alejado de la arrogancia principesca que solía otorgar el anillo y el capelo rojo y que conoce de memoria el nombre de todas las personas sin hogar que viven alrededor del Vaticano y de la estación de Termini. Todo esto será sin duda parte de la huella de Francisco, que ha calado también en el mundo laico, donde se aprecia más el impacto social de su obra. Porque a veces da la sensación de que cuenta con más apoyo fuera de la Iglesia que dentro, donde quienes esperaban mayores reformas se impacientan y las luchas de poder han embarrado áreas cruciales como la económica.

La corriente reaccionaria está encabezada por el cardenal Raymond Burke, y espera que este pontificado pase a la historia como una mera anécdota

Las finanzas y el cielo siempre se llevaron mal. Pero después de años de caos, el Vaticano ha homologado sus reglas y controles a las del resto de países. “Moneyval [el organismo europeo que vigila el blanqueo de capitales] lo certifica”, señalan fuentes de la Santa Sede expertas en esta área. El Banco Vaticano (IOR), que gestiona alrededor de 5.700 millones de euros, ha cerrado más de 5.000 cuentas sospechosas desde 2013. Se ha reducido el déficit y hay nuevos órganos de inspección. Los banqueros ahora expían sus pecados en los tribunales y no colgados de un puente. Prueba de ello es el juicio por blanqueo de capitales y malversación de fondos al expresidente del IOR, Angelo Caloia, celebrado esta semana. Pero han sido despedidos auditores generales en circunstancias extrañas (espionaje, denuncias de coacción e insinuaciones de corrupción), y cada vez que se contrata a alguien para poner orden, acaba trasquilado. El jefe de todo esto era el cardenal australiano, George Pell. Una suerte de superministro de finanzas que se encuentra desde hace un año en su país a la espera de juicio por encubrimiento de abusos a menores. Nadie le ha sustituido.

Francisco decidió confiar en Pell pese a las sombras que le acompañaban desde Ballarat, su pequeño pueblo natal, donde se produjeron centenares de abusos sexuales mientras él era sacerdote. Muchos opinan que su ausencia del Vaticano este año ha sido buena. “Había una guerra entre él y el cardenal Calcagno [expresidente del organismo que gestiona el importante patrimonio de la Santa Sede: 3724 unidades inmobiliarias por valor de unos 2.700 millones]. Demasiados hombres luchando por sus territorios, por cada centímetro de poder e influencia...”, señala un asesor. Lo que nadie comprende es porque no se ha nombrado a un sustituto. “No es un buen mensaje”, insiste esta persona, escéptica ante la posibilidad de que Pell haya presentado su renuncia al Papa, pese a que su negativa a hacerlo compromete gravemente la línea de tolerancia cero con los abusos, algo crucial para el pontificado.

El viaje a Chile del pasado enero, un peregrinaje supuestamente tranquilo, se convirtió en una embarazosa tormenta. Una periodista preguntó al Papa por los casos de abusos a menores de un sacerdote chileno y el encubrimiento del caso por parte del obispo Juan Barros. “No deberían haberle dejado expuesto a esa situación”, señala un empleado vaticano. Francisco escuchó la pregunta y respondió airado que eran “calumnias” y que no había pruebas. Decidió él. “Es su estilo. Sigue algunas cosas muy de cerca. Y si le preguntan responde. Pero tiene mucha popularidad”, señala un importante miembro de la curia. Poco después, asumió el error, pidió disculpas, encargó una gran investigación y dio un volantazo tremendo que terminó con una invitación a las víctimas ofendidas en Chile a Santa Marta, y una histórica limpia entre los obispos chilenos, que presentaron su dimisión en bloque. Aquello fue un punto de inflexión.

A su llegada Francisco anunció que continuaría con la política de tolerancia cero con los abusos sexuales iniciada por Benedicto XVI. Creó una comisión pontificia para prevenir estos casos. Pero las dos víctimas que incluyó en el nuevo aparato de prevención abandonaron la comisión dando un portazo y denunciando la obstaculización sistemática de sus propuestas. Especialmente desde la Congregación para la Doctrina de la Fe que entonces dirigía el cardenal Gerhard Müller, como señaló Marie Collins, máxima experta en la materia y ex miembro de la comisión del Vaticano. El purpurado alemán no fue renovado. “El Papa ha mostrado buena disposición en asuntos concretos, pero no ha hecho cambios estructurales determinantes que puedan mantenerse después de él. Cuando llegue otro Pontífice, con otra actitud, podría retrocederse. Esos cambios estructurales serían lo único que garantizaría la seguridad de los niños en el futuro. En Chile ha actuado bien, pero esto debería extenderse a toda la Iglesia y que no se trate de casos aislados”, apunta Collins al teléfono.

Después de años de caos financiero, el Vaticano ha homologado sus reglas y controles a las del resto de países

Una vez le preguntaron a Juan Pablo II cuánta gente trabajaba en el Vaticano. Y el polaco, papa durante 27 años, respondió irónicamente: “Más o menos, la mitad...”. La realidad es que son unos 4.800. Una pesada estructura que requería una transformación. Ha habido nombramientos de mujeres, se ha reducido el número de dicasterios (ministerios del Vaticano), la estrctura es más horizonatal. Y más allá de que se espere una nueva Constitución Apostólica de la curia o la certificación de un histórico deshielo de las relaciones diplomáticas con China que (según fuentes conocedoras del tema, podría llegar en 2019) hay cuórum en que Francisco ha acometido una reforma de las formas. “Es 100% jesuita. Entiende el Pontificado como una misión, como si fuera su diócesis”, señalan fuentes del Vaticano. Y habrá cambios tangibles emprendidos por Francisco difíciles de deshacer, como el traslado de la residencia del Papa a Santa Marta, un movimiento para alejarse del enclaustramiento autorreferencial del Palacio Apostólico. Un gesto que tiene su reflejo también en el empeño por la apertura ecuménica a otras religiones. Pero lo que suceda en el próximo cónclave determinará si otros giros son definitivos.

El jueves 28 de junio, Francisco creó a 14 nuevos purpurados: 11 son menores de 80 años y tendrán voz y voto para elegir al siguiente Pontífice. Los cardenales electores nombrados por él (59) ya son mayoría respecto a los que quedan de Juan Pablo II (19) y de Benedicto XVI (47). Aunque el avance en el control del colegio no garantiza nada (Benedicto XVI era uno de los dos únicos cardenales que no había creado Juan Pablo II cuando le sustituyó), ahora el órgano de decisión –con 125 cardenales, 5 más del límite orientativo fijado por Pablo VI- tiene una composición más heterogénea y periférica. Hay purpurados de cinco continentes y 83 países y una gran parte, prácticamente no se conoce entre sí. Algunos, como el japonés Thomas Aquinas Manyo, ni siquiera hablan un idioma, aparte del latín, que les permita relacionarse con sus colegas cuando toque entrar en la capilla Sixtina, garabatear un nombre en el trozo de papel y ensartarlo en una cuerda.

Las dinámicas y la influencia dentro del cónclave estarán más fragmentadas de ahora en adelante. Los posibles lobbies o presiones se diluirán con la multiplicidad de nacionalides y sensibilidades. En los sanedrines vaticanos siempre hay quinielas y muchos se empeñan en que toca volver a un italiano. Pero los últimos nombramientos no señalan en esa dirección. “Es posible que el próximo Papa sea de nuevo americano o hispanohablante”, señala un veterano alto cargo, con lo que se representaría a alrededor del 40% de católicos. Se habla incluso de un español: el cardenal Juan José Omella. “Lo he hecho muy bien y es el hombre de confianza del Papa en España, una iglesia que aprecia y entiende”, insiste esta fuente.

España es el único país que ha aportado un cardenal en cada uno de los cinco Consistorios celebrados por Francisco (en el último dos: Luis Ladaria, prefecto de la crucial Congregación para la Doctrina de la Fe, y el claretiano Aqulino Bocos). Pero para que se celebre un cónclave, la sede de Pedro debería quedar vacante. Francisco ha dado a entender que seguirá los pasos de Benedicto XVI —que renunció el 11 de febrero de 2013 en medio de una tormenta de escándalos— y se apartará cuando no se sienta con fuerzas. “No pasan los años en vano. Y tiene una salud que no es de roble. Pero es firme, metódico, laborioso, se levanta muy pronto y muy reconcentrado”, subrayaba el cardenal Bocos a este periódico un día antes de su nombramiento. Una renuncia, a corto plazo, no parece probable, apuntan los expertos. Entre otras cosas, porque se crearía la situación más extraña de la historia de la Iglesia: tres papas conviviendo a pocos metros. Y con dos, ya fue un reto.

El día en que se celebró el consistorio, dio la vuelta al mundo la foto de la visita de Francisco a su predecesor para que bendijese a los nuevos cardenales. “El Papa falso besa el anillo del real”, tituló una web. La realidad es que la convivencia entre ambos, un hecho insólito que podía haber sido incómodo, ha resultado excepcional. Por eso el Papa Francisco, cuenta uno interlocutor, se disgustó tanto en marzo cuando el prefecto de la Secretaría de Comunicación, monseñor Dario Viganò, publicó una carta privada que le había mandado Ratzinger. En la misiva defendía a Francisco de las críticas por una supuesta falta de preparación teológica, pero se ocultó un pequeño tirón de orejas. El escándalo fue mayúsculo y Viganò terminó cesado en plena reforma del área de comunicación vaticana. El giro en la estrategia de comunicación había sido presentado por todo lo alto con gigantes vallas publicitarias en la Piazza Navona con la foto del Papa: la mejor marca hoy de la Iglesia católica.

Francisco ha sido la reacción audaz y fulgurante de la Iglesia al descomunal desprestigio que atravesó. A los vientos de cambio que soplaban en el mundo. La Divina Providencia entendió lo que estaba en juego. Todo debía ser nuevo. El primer papa jesuita, el primero americano, también el que inauguró el uso de ese nombre y el primero que convivió con otro hombre que vestía igual. ¿La Iglesia después de Francisco? Un cardenal que participará en el próximo cónclave lo explica así: “Hay cambios, una nueva atmósfera, la curia es más abierta. Pero no está claro qué pasará con un nuevo Papa. La clave está en la gente y en la mentalidad. Hemos visto también gritos, discusiones, decepciones. Debemos esperar, pensar a largo plazo”. Una medida capaz solo de determinar un pontificado.

lunes, 10 de octubre de 2016

Francisco renueva el Cónclave con cardenales de perfiles heroicos y universales

La tercera «hornada» de cardenales del Papa Francisco confirma un perfil de purpurado que enlaza, de modo refrescante, con los primeros tiempos del cristianismo. No cuenta la categoría de la diócesis, la nacionalidad ni la carrera –criterios que los italianos utilizaban para crear sus cordadas-, sino la valía personal.
Cardenales entrando a la capilla Sixtina, durante la elección del Papa Francisco
Los nuevos cardenales de Francisco responden al perfil de los primeros apóstoles, incluyendo un abanico de héroes y mártires, y a los criterios de universalidad y ejemplaridad. Entre los 13 nuevos cardenales electores figuran cuatro arzobispos muy valiosos de lugares remotos como Isla Mauricio, Papúa-Nueva Guinea, Bangla Desh o la República Centroafricana, que jamás hubieran hecho carrera eclesiástica en un sistema lastrado por más de un siglo de maniobras envolventes italianas.
Entre ellos destaca Dieudonné Nzapalainga, arzobispo de Bangui, uno de los «tres santos de Bangui», según el diario «Le Monde». Son el arzobispo católico, el pastor evangélico y el imán jefe, que han recorrido el mundo explicando que la guerra en la República Centroafricana no era un conflicto entre musulmanes y cristianos sino una operación desencadenada por Chad, los intereses del petróleo y los diamantes.

Cuentan las personas

Si los arzobispos de lugares remotos confirman la universalidad de la Iglesia y la atención a las «periferias», los tres arzobispos de ciudades importantes como Madrid, Bruselas y Chicago, subrayan que lo decisivo es la persona, más que el tamaño de la ciudad. La lista anunciada ayer por el Papa confirma el adiós definitivo al concepto de «sedes cardenalicias», utilizada por los italianos para dar el salto al cardenalato desde ciudades como Florencia, Bolonia o Venecia, que fueron importantes en la vida de la Iglesia pero ya no lo son.
El único italiano entre los nuevos cardenales es el nuncio en Damasco, Mario Zenari, que ha sido escogido por estar al servicio «de la amada y martirizada Siria». Es un gesto muy elocuente nombrar cardenal a un nuncio que va a continuar en su país de destino».

Un sacerdote albanés

Pero el gesto más emocionante de esta hornada ha sido el nombramiento como cardenal de un sacerdote albanés, Ernest Simoni Troshani, que pasó 27 años condenado a trabajos forzados en una cantera y en las minas de Spac, un nombre que produce escalofríos a quienes conocieron la tiranía comunista de Enver Hox.
Don Ernesto había sido uno de los fieles albaneses escogidos para hablar ante el Papa en el encuentro con los católicos de Tirana durante el viaje de 2014. Relató su caso prácticamente en tercera persona, casi como si no fuese él quien celebraba la misa de memoria en latín y daba la comunión a otros prisioneros. Pero era un testimonio ejemplar de valentía y ausencia total de odio a sus perseguidores.
Al final, el sacerdote de 86 años se arrodilló ante el Papa. Francisco lo levantó, le abrazó y le besó las manos mientras lloraba y se secaba disimuladamente las lágrimas para que nadie lo notase.
Ahora le impone la birreta púrpura. Como tiene más de 80 años, no puede entrar en cónclave ni ejercer ningún cargo de gobierno en la Curia vaticana. Pero hace algo más importante. Dar ejemplo de caridad y recordar el perfil heroico de los primeros cristianos.

http://www.abc.es/sociedad/abci-francisco-renueva-conclave-cardenales-perfiles-heroicos-y-universales-201610092108_noticia.html

viernes, 6 de mayo de 2016

Discurso Papa Francisco Premio Carlomagno 2016

“¿Qué te ha sucedido Europa humanista, defensora de los derechos humanos, de la democracia y de la libertad? ¿Qué te ha pasado Europa, tierra de poetas, filósofos, artistas, músicos, escritores? ¿Qué te ha ocurrido Europa, madre de pueblos y naciones, madre de grandes hombres y mujeres que fueron capaces de defender y dar la vida por la dignidad de sus hermanos?”

Necesitamos....... Una Europa capaz de dar a luz un nuevo humanismo basado en tres capacidades: la capacidad de integrar, capacidad de comunicación y la capacidad de generar.

El Papa Francisco. Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa

Capacidad de integrar

Las raíces de nuestros pueblos, las raíces de Europa se fueron consolidando en el transcurso de su historia, aprendiendo a integrar en síntesis siempre nuevas las culturas más diversas y sin relación aparente entre ellas. La identidad europea es, y siempre ha sido, una identidad dinámica y multicultural.
La actividad política es consciente de tener entre las manos este trabajo fundamental y que no puede ser pospuesto. Sabemos que «el todo es más que la parte, y también es más que la mera suma de ellas», por lo que se tendrá siempre que trabajar para «ampliar la mirada para reconocer un bien mayor que nos beneficiará a todos» (Evangelii gaudium, 235). Estamos invitados a promover una integración que encuentra en la solidaridad el modo de hacer las cosas, el modo de construir la historia. Una solidaridad que nunca puede ser confundida con la limosna, sino como generación de oportunidades para que todos los habitantes de nuestras ciudades —y de muchas otras ciudades— puedan desarrollar su vida con dignidad. El tiempo nos enseña que no basta solamente la integración geográfica de las personas, sino que el reto es una fuerte integración cultural.

Capacidad de diálogo
Si hay una palabra que tenemos que repetir hasta cansarnos es esta: diálogo. Estamos invitados a promover una cultura del diálogo, tratando por todos los medios de crear instancias para que esto sea posible y nos permita reconstruir el tejido social. La cultura del diálogo implica un auténtico aprendizaje, una ascesis que nos permita reconocer al otro como un interlocutor válido; que nos permita mirar al extranjero, al emigrante, al que pertenece a otra cultura como sujeto digno de ser escuchado, considerado y apreciado. Para nosotros, hoy es urgente involucrar a todos los actores sociales en la promoción de «una cultura que privilegie el diálogo como forma de encuentro, la búsqueda de consensos y acuerdos, pero sin separarla de la preocupación por una sociedad justa, memoriosa y sin exclusiones» (Evangelii gaudium, 239). La paz será duradera en la medida en que armemos a nuestros hijos con las armas del diálogo, les enseñemos la buena batalla del encuentro y la negociación. De esta manera podremos dejarles en herencia una cultura que sepa delinear estrategias no de muerte, sino de vida, no de exclusión, sino de integración.
Esta cultura de diálogo, que debería ser incluida en todos los programas escolares como un eje transversal de las disciplinas, ayudará a inculcar a las nuevas generaciones un modo diferente de resolver los conflictos al que les estamos acostumbrando. Hoy urge crear «coaliciones», no sólo militares o económicas, sino culturales, educativas, filosóficas, religiosas. Coaliciones que pongan de relieve cómo, detrás de muchos conflictos, está en juego con frecuencia el poder de grupos económicos. Coaliciones capaces de defender las personas de ser utilizadas para fines impropios. Armemos a nuestra gente con la cultura del diálogo y del encuentro.
Capacidad de generar
El diálogo, y todo lo que este implica, nos recuerda que nadie puede limitarse a ser un espectador ni un mero observador. Todos, desde el más pequeño al más grande, tienen un papel activo en la construcción de una sociedad integrada y reconciliada. Esta cultura es posible si todos participamos en su elaboración y construcción. La situación actual no permite meros observadores de las luchas ajenas. Al contrario, es un firme llamamiento a la responsabilidad personal y social.
Esto requiere la búsqueda de nuevos modelos económicos más inclusivos y equitativos, orientados no para unos pocos, sino para el beneficio de la gente y de la sociedad. Pienso, por ejemplo, en la economía social de mercado, alentada también por mis predecesores (cf.Juan Pablo II, Discurso al Embajador de la R. F. de Alemania, 8 noviembre 1990). Pasar de una economía que apunta al rédito y al beneficio, basados en la especulación y el préstamo con interés, a una economía social que invierta en las personas creando puestos de trabajo y cualificación.

Con la mente y el corazón, con esperanza y sin vana nostalgia, como un hijo que encuentra en la madre Europa sus raíces de vida y fe, sueño un nuevo humanismo europeo, «un proceso constante de humanización», para el que hace falta «memoria, valor y una sana y humana utopía».10 Sueño una Europa joven, capaz de ser todavía madre: una madre que tenga vida, porque respeta la vida y ofrece esperanza de vida. Sueño una Europa que se hace cargo del niño, que como un hermano socorre al pobre y a los que vienen en busca de acogida, porque ya no tienen nada y piden refugio. Sueño una Europa que escucha y valora a los enfermos y a los ancianos, para que no sean reducidos a objetos improductivos de descarte. Sueño una Europa, donde ser emigrante no sea un delito, sino una invitación a un mayor compromiso con la dignidad de todo ser humano. Sueño una Europa donde los jóvenes respiren el aire limpio de la honestidad, amen la belleza de la cultura y de una vida sencilla, no contaminada por las infinitas necesidades del consumismo; donde casarse y tener hijos sea una responsabilidad y una gran alegría, y no un problema debido a la falta de un trabajo suficientemente estable. Sueño una Europa de las familias, con políticas realmente eficaces, centradas en los rostros más que en los números, en el nacimiento de hijos más que en el aumento de los bienes. Sueño una Europa que promueva y proteja los derechos de cada uno, sin olvidar los deberes para con todos. Sueño una Europa de la cual no se pueda decir que su compromiso por los derechos humanos ha sido su última utopía. 

viernes, 29 de abril de 2016

“Querido hermano Hans...”



El día 9 de marzo de 2016 se publicó en importantes periódicos de diferentes países mi Llamamiento al papa Francisco rogándole que hiciera posible un debate abierto, imparcial y libre de prejuicios sobre la cuestión de la infalibilidad. Me alegró mucho recibir, inmediatamente después de Pascua y a través de la nunciatura de Berlín, una respuesta personal del papa Francisco fechada el Domingo de Ramos (20 de marzo).
De este escrito son importantes, para mí, los siguientes puntos:
— Que el papa Francisco me respondiera y que no me dejara con mi Llamamiento, por decirlo de alguna manera, suspendido en el vacío.
Papa Francisco— Que fuera él mismo quien respondiera, y no su secretario privado o el cardenal secretario de Estado.
— Que resaltase el carácter fraternal de su carta en español mediante el uso del encabezamiento en cursiva y en alemán “lieber Mitbruder” (“querido hermano”).
— Que haya leído con atención mi Llamamiento, cuya traducción española le adjuntaba.
— Que valorara altamente las reflexiones que me habían conducido a publicar el volumen 5 [de mis obras completas], dedicado a la infalibilidad, en el que propongo debatir teológicamente las diferentes cuestiones en torno a este dogma a la luz de la sagrada Escritura y de la Tradición, con la intención de que la Iglesia del siglo XXI,semper reformanda, profundice en un diálogo constructivo con la ecúmene y la sociedad postmoderna.
El papa Francisco no fija limitación alguna. De esta forma, corresponde a mi deseo de abrir un debate libre sobre el dogma de la infalibilidad. Personalmente concluyo que este nuevo espacio de libertad debe ser aprovechado para avanzar en el esclarecimiento de las declaraciones dogmáticas controvertidas en la Iglesia católica y la ecúmene.
No podía yo imaginar entonces el gran espacio de libertad que, pocos días después, abriría el papa Francisco en su exhortación apostólica postsinodal Amoris laetitia. Ya en la introducción declara que “no todos los debates doctrinales, morales o pastorales deben ser resueltos con intervenciones magisteriales”. Se posiciona contra “una fría moral de gabinete” y se niega a que los obispos sigan comportándose como “controladores de la gracia”. Considera que la eucaristía no es un premio para los perfectos, sino un “alimento para los débiles”. Cita con frecuencia las declaraciones del Sínodo de los Obispos y de las conferencias episcopales nacionales. No quiere seguir siendo el único portavoz de la Iglesia.
Este es el nuevo espíritu que siempre esperé del Magisterio. Estoy convencido de que, por fin, también el dogma de la infalibilidad, una cuestión fundamental y decisiva de la Iglesia católica, se podrá debatir con espíritu libre, abierto y alejado de todo prejuicio. Estoy profundamente agradecido al papa Francisco por ofrecernos esta posibilidad. Mi agradecimiento se une a la expectativa de que los obispos, teólogas y teólogos hagan suyo sin reservas este espíritu y colaboren en la tarea de esclarecer el dogma de la infalibilidad en el espíritu de la Escritura y de la gran Tradición eclesial.

Un llamamiento al papa Francisco



Seguramente comprenderá que, llegado al final de mis días y movido por una profunda simpatía hacia usted, quiera, ahora que todavía estoy a tiempo, hacerle llegar mi ruego de que se proceda a una discusión libre y seria sobre la infalibilidad


Es apenas concebible que el papa Francisco hubiera pretendido establecer una definición de la infalibilidad papal como la que, en el siglo XIX, promoviera Pío IX con buenas y no tan buenas mañas. Tampoco es imaginable que Francisco tuviera interés, como Pío XII, en la definición de un dogma infalible acerca de María. Lo concebible es, más bien, que el papa Francisco (como en su día Juan XXIII ante los estudiantes del Pontificio Colegio Griego) declarase con una sonrisa: “Ío non sono infallibile” —“Yo no soy infalible”—. En vista del asombro de los estudiantes, el papa Juan añadió: “Solo soy infalible cuando defino ex cathedra, pero nunca lo haré”.

Un llamamiento al papa FranciscoEl 18 de diciembre de 1979 el papa Juan Pablo II me retiró la licencia eclesiástica por haber cuestionado la infalibilidad papal. En el segundo volumen de mis memorias, Verdad controvertida, demuestro, apoyándome en una extensa documentación, que se trataba de una acción urdida con precisión y en secreto, jurídicamente impugnable, teológicamente infundada y políticamente contraproducente. El debate acerca de la revocación de la missio canonica y de la infalibilidad se prolongó todavía bastante tiempo. Pero mi reputación ante el pueblo creyente no pudo ser destruida. Y tal como yo había predicho, no han cesado las discusiones en torno a las grandes reformas pendientes. Al contrario: se han agudizado fuertemente bajo los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI. Estas son las que yo mencionaba entonces: el entendimiento entre las distintas confesiones; el mutuo reconocimiento de los ministerios y de las distintas celebraciones de la eucaristía; las cuestiones del divorcio y de la ordenación de las mujeres; el celibato obligatorio y la catastrófica falta de sacerdotes, y, sobre todo, el gobierno de la Iglesia católica. Y preguntaba: “¿A dónde conducís a nuestra Iglesia?”.
Estas demandas tienen ahora la misma actualidad que hace 35 años. Pero el motivo decisivo de la incapacidad de introducir reformas en todos estos planos sigue siendo, hoy como ayer, la doctrina de la infalibilidad del magisterio, que ha deparado a nuestra Iglesia un largo invierno. Igual que Juan XXIII entonces, intenta hoy el papa Francisco, con todas sus fuerzas, insuflar aire fresco a la Iglesia. Y topa con una resistencia masiva, como sucedió en el último sínodo mundial de los obispos de octubre de 2015. No nos engañemos: sin una re-visión constructiva del dogma de la infalibilidad apenas será posible una verdadera renovación.
Tanto más sorprendente resulta entonces que la discusión sobre la infalibilidad haya desaparecido del mapa. Muchos teólogos católicos, temerosos de sanciones amenazantes como las dirigidas contra mí, apenas se han ocupado ya críticamente con la ideología de la infalibilidad, y la jerarquía procura siempre que es posible evitar este tema impopular en la Iglesia y la sociedad. Solo en contadas ocasiones ha invocado expresamente Joseph Ratzinger, como prefecto de la fe, esa doctrina. Pero el tabú de la infalibilidad ha bloqueado de manera tácita desde el Concilio Vaticano II todas las reformas que hubieran exigido revisar posiciones dogmáticas anteriores. Esto no vale solo para la encíclica Humanae vitae, contraria a la anticoncepción, sino también para los sacramentos y el monopolio del magisterio “auténtico”, o para la relación entre sacerdocio particular y universal; sino que atañe asimismo a la estructura sinodal de la Iglesia y a la pretensión absoluta de poder del papa, así como a la relación con otras confesiones y religiones y con el mundo laico en general. Por eso se vuelve más acuciante que nunca la pregunta: “¿Hacia dónde se dirige a comienzos del siglo XXI esta Iglesia que sigue teniendo la fijación del dogma de la infalibilidad?”. La época antimoderna, anunciada por el Concilio Vaticano I, ha concluido hoy de una vez por todas.
Ahora que cumplo 88 años, puedo decir que no he escatimado esfuerzos para reunir en el quinto volumen de mis Obras completas los numerosos textos pertinentes, ordenarlos cronológica y temáticamente según las distintas fases de la discusión y aclararlos a través del contexto biográfico. Con este libro en la mano quisiera ahora repetir un llamamiento al Papa que, a lo largo de decenios de discusión teológica y político-eclesiástica, he formulado en múltiples ocasiones siempre en vano. Ruego encarecidamente al papa Francisco, quien siempre me ha respondido fraternalmente:
“Acepte esta amplia documentación y permita que tenga lugar en nuestra Iglesia una discusión libre, imparcial y desprejuiciada de todas las cuestiones pendientes y reprimidas que tienen que ver con el dogma de la infalibilidad. De este modo se podría regenerar honestamente el problemático legado vaticano de los últimos 150 años y enmendarlo en el sentido de la Sagrada Escritura y de la tradición ecuménica. No se trata de un relativismo trivial que socava los cimientos éticos de la Iglesia y la sociedad. Pero tampoco de un inmisericorde dogmatismo que mata el espíritu empecinándose en la letra, que impide una renovación a fondo de la vida y la enseñanza de la Iglesia y bloquea cualquier avance serio en el terreno del ecumenismo. Y mucho menos se trata para mí de que se me dé personalmente la razón. Está en juego el bien de la Iglesia y de la ecúmene.
Soy muy consciente de que mi ruego posiblemente le resulte inoportuno a alguien que como usted, en palabras de un buen conocedor de los asuntos vaticanos, vive entre lobos. Pero, confrontado el pasado año con los males de la curia e incluso con los escándalos, ha confirmado usted con valentía su voluntad de reforma en el discurso de Navidad pronunciado el 21 de diciembre de 2015 ante la curia romana: ‘Considero que es mi obligación afirmar que esto ha sido —y lo será siempre— motivo de sincera reflexión y decisivas medidas. La reforma seguirá adelante con determinación, lucidez y resolución, porque Ecclesia semper reformanda’.
No quisiera exacerbar, en detrimento de todo realismo, las esperanzas que abrigan muchos en nuestra Iglesia; la cuestión de la infalibilidad no admite en la Iglesia católica una solución de la noche a la mañana. Pero afortunadamente es usted casi 10 años más joven que yo y, como espero, me sobrevivirá. Y seguramente comprenderá que en mi condición de teólogo, llegado al final de mis días y movido por una profunda simpatía hacia usted y su labor pastoral, quiera, ahora que todavía estoy a tiempo, hacerle llegar mi ruego de que se proceda a una discusión libre y seria sobre la infalibilidad, tal como queda fundamentada, de la mejor manera posible, en el presente volumen: non in destructionem, sed in aedificationem ecclesiae, ‘no para la destrucción, sino para la edificación de la Iglesia’. Esto significaría para mí el cumplimiento de una esperanza a la que nunca he renunciado”.
Hans Küng es catedrático emérito de Teología Ecuménica en la Universidad de Tubinga y presidente de honor de la Fundación Ética Mundial. Una muerte feliz (Trotta, 2016) es su último libro en español.

domingo, 28 de febrero de 2016

Ernesto Cardenal “Francisco es mejor de como podríamos haberlo soñado”


El sacerdote y poeta nicaragüense Ernesto Cardenal, reprendido por Juan Pablo II, siente que Bergoglio ha llevado a la Iglesia “la verdadera revolución”

Pregunta. ¿Se siente identificado con este Papa?
Respuesta. Claro que me siento identificado con este nuevo Papa que ha aparecido en la Iglesia y que encuentro mejor de cómo podríamos haberlo soñado. Es un papa que no quiere actuar como Papa, por eso ha escogido el título de obispo de Roma. No ha querido vivir en el Palacio Pontificio. Le gusta abrazar y que lo abracen. Está haciendo una verdadera revolución en el Vaticano, y eso es una revolución en la Iglesia y una revolución en el mundo.
Ernesto Cardenal habla del Papa Francisco I P. El Papa ha querido que su pontificado sea el de la misericordia, que su Iglesia deje de ser “egocéntrica” y sea capaz de salir a las periferias. Qué significado tiene para usted la palabra misericordia…
 R. La palabra misericordia usada por el Papa significa lo mismo que la palabra amor, es lo mismo que decir compasión, y de ahí viene la palabra “piadoso” que es una palabra devaluada. Piadoso es el que siente piedad y compasión. Mientras que el impío en la Biblia es el que no tiene piedad de los demás, no uno que no es religioso. En realidad la compasión es la que verdaderamente motiva al revolucionario. El Che Guevara, paisano del actual Papa, estaba lleno de compasión, pensaba que debía de sentirse como en la propia mejía la bofetada recibida por otro
 P. ¿Qué pensó cuando, en una de sus primeras intervenciones tras ser elegido pontífice, Jorge Mario Bergoglio dijo: “Cómo desearía una Iglesia pobre y para los pobres"?
 R. Me encanta que el Papa desee una Iglesia pobre y para los pobres. En un mundo de ricos y pobres como es el mundo desde hace diez mil años (no desde que hubo humanidad, sino desde que hubo civilización) el Dios de Jesús es el Dios de los pobres. Muy lindo lo que decía Santa Teresita del Niño Jesús: “Mientras más pobre seas más te amará Jesús”. Y ella lo decía en el sentido en ser pobre en virtudes, pobre en méritos y en cualquier otro sentido, lo contrario de cómo se suelen sentir los políticos.
 P. ¿Le sorprendió que la primera encíclica completa del Papa versara sobre ecología? ¿La ha leído? ¿Se siente de acuerdo con él?
 R. Me sorprendió agradablemente que el Papa hiciera esa encíclica. Yo estoy también haciendo una poesía con inspiración ecológica. Estoy muy de acuerdo con todo lo que él dice. Ahora la teología debe tener también preocupación ecológica. Y la mística.
 P. ¿Ve algo en el papa Francisco que le recuerde a Thomas Merton [un monje estadounidense que fue su padre espiritual]?
 R. Después de mi conversión a ser monje trapense, Thomas Merton fue el que me dio la formación espiritual, fue mi padre espiritual y ha sido una de las personas más importantes de la Iglesia de hoy. Me pareció muy bueno que el papa Francisco se lo mencionara a los norteamericanos en el Congreso de los Estados Unidos. Él fue uno de los reformadores de la Iglesia en sus escritos como el papa Francisco. Y una de las cosas en lo que más insistió Merton fue en el pluralismo religioso.
 P. A propósito de los ideales de Merton, Francisco ha modificado su viaje a México para encontrarse en La Habana con Kirill, el patriarca ruso. Es un hecho histórico por cuanto jamás un Papa de la Iglesia católica se había reunido con el líder de los ortodoxos rusos. También lo ha hecho con judíos, musulmanes… ¿Considera conveniente que las religiones se unan?
 R. El pluralismo religioso es que todas las religiones nos llevan a Dios y que todas las religiones son verdaderas. Y también toda religión es falsa, en el sentido en que en todas puede haber alguna falsedad. Pero la máxima verdad es que ninguna religión nos debe dividir. Y esto es lo que también nos enseña el Papa Francisco.
 P. ¿Sigue sintiéndose dentro de la Iglesia?
 R. Siempre he estado dentro de la Iglesia. Siempre sigo estándolo y ahora con más gusto con el Papa Francisco.
 P. ¿Le gustaría conocer a Francisco, sentir su voz…?
Ante la última pregunta, Ernesto Cardenal guarda silencio.

domingo, 22 de noviembre de 2015

Francisco desconcierta a la derecha católica de Estados Unidos

Francisco desconcierta en Estados Unidos. Algunos conservadores describen sus ideas como propias de un coetáneo del peronismo y la teología de la liberación. Otros restan valor a sus intervenciones porque no es un político, sostiene: al Papa lo que es del Papa y el Rey lo que es del Rey. Y otros instan a entenderle, más allá del ruido mediático que, dicen, lo retrata como el izquierdista que no es. La encíclica sobre la ecología amplía la brecha entre Jorge Mario Bergoglio y un sector de la derecha católica.
Primero fueron sus críticas al capitalismo sin freno y a las desigualdades crecientes. Después, sus palabras de comprensión hacia los homosexuales: “¿Quién soy yo para juzgarlos?" Y ahora, la primera encíclica, en la que el Papa señala a las grandes empresas y a los Gobiernos por el cambio climático, un documento que indirectamente descalifica las ambigüedades de buena parte de los líderes de la derecha estadounidense —también los católicos— sobre el calentamiento del planeta.
Los encontronazos entre los católicos conservadores de EE UU y su jefe espiritual se han sucedido desde que el cónclave vaticano eligió al argentino Bergoglio en 2013. El último episodio tiene un significado especial por dos motivos.
Primero, por el enorme calado espiritual y teológico del documento. Y segundo —y en un ámbito más terrenal— porque la encícla publicada ayer coincide con los primeros compases de una campaña electoral con un nutrido grupo de candidatos republicanos que niega o pone en duda el consenso científico sobre las causas humanas del cambio climático.
Hay cinco católicos entre los aspirantes a la nominación republicana para las elecciones presidenciales de 2016. Dos de ellos figuran entre los favoritos: Jeb Bush, convertido al catolicismo de adulto, y Marco Rubio, católico practicante, mormón en su infancia, y de nuevo católico pero asiduo durante años de una megaiglesia protestante. Rubio no se ha proununciado sobre la encíclica. Bush, hermano e hijo de presidente y rostro del ala pragmática del Partido Republicano, sí.
El miércoles, en Iowa, Bush matizó las críticas del día anterior al texto del Papa y pidió buscar soluciones para el cambio climático sin dañar la economía. “Espero que mi cura no me reprenda por decir esto, pero mis obispos o mis cardenales o mi papa no me dictan la política económica”, había dicho el martes en New Hampshire, donde hacía campaña.
En un país fundado en la separación de la iglesia y el estado, las palabras de Bush no suenan tan extrañas. Recuerdan a las que pronunció John F. Kennedy, el único presidente católico de EE UU, en un discurso durante la campaña electoral de 1960: “Creo en una América (…) en la que ningún cargo oficial requiere o acepta instrucciones del Papa sobre la política pública”.
Un argumento que se escucha en ámbito católicos conservadores es que, en materia económica, la competencia del Vaticano es cuestionable. El pontífice no es economista. ¿Por qué los políticos católicos deberían escuchar sus consejos?
El argumento se aplica al cambio climático: “Creo que nos iría mejor si dejáramos que los científicos se ocuparan de la ciencia”, dijo el aspirante presidencial Rick Santorum, también católico. Otro argumento, un punto condescendiente: hay que relativizar los argumentos del Bergoglio y entenderlos en el contexto de Argentina y de la América Latina populista e ideologizada en la que creció.
Referencias:

sábado, 14 de noviembre de 2015

No Juzgar a los demás ( Papa Francisco )

Con motivo de la apertura del Sinodo de la Familia, el Papa Francisco afirmó que la Iglesia debe «vivir su misión en caridad, que no señala con el dedo para juzgar a los demás, sino que –fiel a su naturaleza como madre- se siente en el deber de buscar y curar a las parejas heridas con el aceite de la acogida y de la misericordia».
pablo (7)La misión de la Iglesia es ser «hospital de campaña» para los heridos en el frente, recordando lo que Jesús afirmó: «No tienen necesidad de médico los sanos sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos sino a los pecadores».
Y lo subrayó con unas palabras de san Juan Pablo II en 1978: «El error y el mal deben ser condenados y combatidos constantemente; pero el hombre que cae o se equivoca debe ser comprendido y amado.
El camino hacia el suicidio de la Iglesia sería precisamente el odio al pecador. No sólo porque existe para él, sino también porque cada uno de sus miembros lo es, como ha recordado tantas veces el Papa.
Por eso, Francisco insistió en que «la Iglesia debe buscarlo, acogerlo y acompañarlo, porque una Iglesia con las puertas cerradas se traiciona a si misma y a su misión; y en vez de ser puente se convierte en barrera».
Es el punto de equilibrio entre las dos posturas extremas que se han hecho notar en las semanas previas al Sínodo: la de quienes detestan a los pecadores y les tratan con actitud hostil, y la de quienes desean que la Iglesia declare que todo está bien, eliminando de ese modo el concepto de pecador. 
Pero la Iglesia existe para recordar que Dios perdona los pecados, y para renovar ese perdón.
Referencia:

El Sínodo de la Familia se cierra sin atender las expectativas del Papa

Las viejas compuertas de la Iglesia crujen y hasta amenazan fractura cada vez que el papa Francisco hace algún intento por abrirlas siquiera un poco. Después de tres semanas de discusiones, el Sínodo sobre la Familia se cerró sin responder a las expectativas creadas. Ni los divorciados vueltos a casar podrán recibir la comunión de forma generalizada –el texto solo pide más comprensión hacia ellos y que se analice cada caso “sin dar escándalo”— ni la jerarquía de la Iglesia parece asumir el mensaje de apertura de Jorge Mario Bergoglio. En su discurso final, el Papa acusó a cardenales y obispos de utilizar “métodos no del todo benévolos” para solventar sus diferencias y advirtió a los más conservadores: “Los verdaderos defensores de la doctrina no son los que defienden la letra sino el espíritu; no las ideas, sino el hombre”.



Aunque el documento final fue aprobado en su conjunto –cada uno de los 94 párrafos obtuvo los dos tercios de apoyos necesarios--, tanto el duro discurso del Papa como la ausencia de avances significativos en la postura de la Iglesia ante las que considera “situaciones difíciles” –divorciados, parejas de hecho, homosexuales— demuestran la fractura que sigue existiendo entre una buena parte de la jerarquía católica y Bergoglio. No hay más que comparar los textos que el Vaticano distribuyó tras la clausura del Sínodo.

El documento final aprobado por los 270 padres sinodales parece un refrito del catecismo y de teorías que ya defendía Juan Pablo II. Tan es así que se considera un avance –en pleno siglo XXI—que el Sínodo pida que se eviten “injustas discriminaciones” hacia los homosexuales y que “es necesario acompañar a las familias con un miembro homosexual”, como si se tratara de una desgracia. Sobre si levantar o no el veto para que los católicos divorciados y vueltos a casar puedan comulgar, el Sínodo tampoco se moja. Dice que se analice caso por caso y “sin dar escándalo”. Una vez leída la ortodoxia absoluta del documento final, el discurso del Papa solo puede ser interpretado como una enmienda a la totalidad y, tal vez, una advertencia.

Referencias:
Artículo de El Pais
Artículo ABC
Artículo ABC - Conclusiones
El sinodo familia en 7 puntos claves