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domingo, 22 de marzo de 2015

La sociedad corrupta apesta

En un discurso apasionado, el Papa Francisco invitó a los vecinos del barrio napolitano de Scampia «a levantarse siempre después de cada caída, y a no permitir que el mal tenga la última palabra». Poco después, en una misa al aire libre, el Obispo de Roma, invocando “las lágrimas de las madres de Nápoles”, dijo directamente a los mafiosos de la Camorra: “A los criminales os repito: convertíos al amor y la justicia”.
Sin enumerar las miserias de un barrio dominado por la Camorra, elPapa emociono a los habitantes de Scampia reconociendo que la ciudad «ha atravesado episodios complicados y dramáticos. La vida en Nápoles nunca ha sido fácil… ¡pero nunca ha sido triste!».
Les hablaba con expresiones napolitanas, rodeado de niños en el palco. Al llegar vio que los pequeños se apretaban contra la barrera. Dio orden de bajarla para que se acercasen y abrazar a unos, posar para selfies con otros… Cuando iba comenzar el discurso, sus ayudantes indicaron a los niños que bajasen del estrado para no seguir ocultando al Papa, pero Francisco les dijo: «No, no. Simplemente sentaos».
El Santo Padre se emocionó al escuchar el saludo de Corazón, una inmigrante filipina, que habló en nombre de los trabajadores extranjeros y de los sin techo hasta que rompió a llorar y se fue a abrazar al Papa. A continuación, Michele comentó el problema del desempleo que en el barrio de Scampia, donde la policía apenas se atreve a entrar, llega al 61 por ciento, el más alto de Europa. A su vez, el presidente del Tribunal de Apelación comento los problemas de ilegalidad descarada, falta de ética pública, corrupción… El panorama era dramático, pero más que condenar, aunque también lo hizo, animó a la gente a mantener la esperanza. Muchos le escuchaban con lágrimas en los ojos.
Francisco denunció que «aquí se ha intentado crear una ‘tierra de nadie’, de la que se arranca cualquier valor. Un territorio en manos de la llamada microviolencia. Siento vivamente este drama». El Papa insistió en que el camino de salida pasa por la educación porque, «como decía san Juan Bosco: ‘El trabajo educativo es un remedio preventivo’. Es el método que han seguido todos los santos que han trabajado con jóvenes, como el beato Pino Puglisi, del barrio de Brancaccio en Palermo».
Don Pino, un sacerdote que organizaba actividades para los chicos de Palermo, sustrayéndolos a la cantera de la delincuencia, fue asesinado por Cosa Nostra en 1993 y elevado a los altares el año pasado. Su nombre traía a la memoria el de otro párroco: Peppe Diana, asesinado por la Camorra napolitana el 19 de marzo de 1994, el día de su santo, y cuyo proceso de beatificación comenzó justo este jueves, el día de San Jose.
Pero más que hablar de violencia mortal –ahora mucho menor que el asesinato cada cinco días en el primer semestre del 2014- , el Papa habló de corrupción, un problema grave que, a su vez, es la causa del desempleo y de muchos otros males que se autoalimentan entre sí.Francisco advirtió que «todos podemos caer poco a poco en la corrupción. Un cuerpo corrupto y muerto es algo podrido, que huele mal. Lo mismo una sociedad corrupta: ¡Apesta!».
Una vez más el Papa se refirió a la importancia del trabajo «no sólo para comer, sino sobre todo porque da la dignidad». Y también al deber de acoger a los inmigrantes porque «todos somos inmigrantes, todos caminamos por el mundo sin una casa definitiva. En esta tierra caminamos hacia el cielo».
Eran mensajes fuertes, dirigidos a los delincuentes, a los inmigrantes, a los ciudadanos de a pie y a los políticos. A las autoridades públicas, a veces desesperanzadas, les recordó que «la buena política es un servicio a las personas, que se ejercita en primer lugar a nivel local, donde el peso de las carencias, de los retrasos y de las omisiones es más directo y hace más daño».
Después de despedirse, el Papa se trasladó a la plaza del Plebiscito, en el centro de la ciudad, para celebrar la misa. Su programa incluye un almuerzo en la gigantesca cárcel de Poggioreale con un centenar de detenidos, la visita a la catedral para venerar la sangre de San Jenaro, un encuentro con enfermos y otro con jóvenes, al final de la tarde, a orillas de la hermosísima bahía.

La corrupción no puede ser perdonada



"La corrupción no es un acto, sino un estado personal y social en el que uno se acostumbra a vivir". Estas palabras tan vigentes en la sociedad actual las escribió el propio Papa Francisco cuando todavía era cardenal de Buenos Aires.
En este análisis de la corrupción el Papa emplea un lenguaje llano y didáctico para explicar la diferencia entre pecado y corrupción."El pecado se perdona; la corrupción, sin embargo, no puede ser perdonada", advierte.

El Papa clama contra la «microviolencia» y la corrupción en un barrio dominado por la CamorraRespecto a los religiosos, Bergoglio asevera: 'Corruptio optimi, pessima' (no hay nada peor que la corrupción de lo mejor). "Esto puede aplicarse a la corrupción de las personas consagradas. Que los hay, los hay. Que los hubo, basta con leer la Historia", recalca Bergoglio en el libro.

«La escandalosa concentración de la riqueza global es posible a causa de la connivencia de los responsables de la cosa pública con los poderes fuertes. La corrupción, es en si misma un proceso de muerte y un mal más grande que el pecado. Un mal que, más que perdonar, hay que curar».

El papa Francisco dice tenerlos calados. A todos aquellos que con una mano defraudan al Estado y con la otra dan dinero a la Iglesia. Dice Jorge Mario Bergoglio que para los “cristianos de doble vida” no hay perdón de Dios: “Se merecen —lo dice Jesús, no lo digo yo— que les pongan en el cuello una piedra de molino y los arrojen al mar”. Las palabras contra la corrupción se producen apenas tres días después de que, también durante la misa en la residencia de Santa Marta, el Papa clamara contra “los devotos del dios soborno”, aquellos que dan de comer a sus hijos pan sucio: “Tal vez deberíamos rezar por estos niños y jóvenes. Ellos también tienen hambre. Hambre de dignidad”.


  • "Toda corrupción crece y -a la vez- se expresa en atmósfera de triunfalismo"
  • "El corrupto tiene cara de yo no fui"
  • "Ante cualquier crítica el corrupto descalifica a la persona"
  • "El corrupto se erige en juez de los demás"
  • "El corrupto se siente un ganador"
  • "El corrupto no conoce la amistad, sino la complicidad"
  • "El corrupto no tiene esperanza. El pecador espera perdón"
  • "La corrupción lleva a perder el pudor que custodia la verdad"
  • "El corrupto no conoce la fraternidad o la amistad, sino la complicidad"