domingo, 8 de julio de 2018

La reforma de la Curia

La Providencia y la infalibilidad papal viajan en estos tiempos líquidos a través de WhatsApp, Telegram o SMS. En ocasiones, para los menos diestros, el mensaje incluso puede llegar a través de las ondas y la señal de televisión. Así es como se enteraron de la noticias varios de los 14 nuevos cardenales consultados que el papa Francisco creará este jueves en su quinto Consistorio. Una celebración con la que se acerca al ecuador de la mayoría de purpurados electores nombrados en su pontificado y que permite establecer algunas tendencias con la vista puesta en un hipotético Cónclave del que saldrá su sucesor. La línea está clara: se reduce el peso de Europa, crecen las periferias -sociales y geográficas- y hay una notable insistencia para aumentar la presencia de España, menos representada en etapas anteriores. Un colegio cardenalicio hecho ya muy a la medida de Francisco.



Francisco acelera la formación de colegio cardenalicio a su medida El Papa nombrará 14 nuevos cardenales, entre ellos, dos españoles
La lucha por el poder en la Iglesia
“El peligro en tiempos de crisis es buscar un salvador que nos devuelva la identidad y nos defienda con muros”

Hoy prácticamente la mayoría de Príncipes de la Iglesia que podrán votar en el siguiente Cónclave -solo se produciría si el actual Papa falleciese o renunciase- han sido nombrados por el propio Pontífice: son ya 59 de los 125 purpurados del Colegio (no hay un límite establecido para el total, aunque Pablo VI estableció uno oritentativo de 120). Si se suman los tres mayores de 80 años que recibirán hoy el capelo y el anillo cardenalicio serán 74 los creados por Francisco en estos cinco años. Un proceso que influye notablemente en la identidad geográfica y social de la Iglesia, aunque también en la elección del siguiente Pontífice. Pero nunca es definitivo. De hecho, 113 de los purpurados que eligieron a Joseph Ratzinger el 18 de abril de 2005 habían sido creados por Juan Pablo II durante sus 26 años y medio de papado. Todo hacía pensar que el elegido sería uno de ellos. Sin embargo, la Divina Providencia dictaminó que fuera uno de los dos únicos que había creado Pablo VI.

La reciente mayoría —más de la mitad del colegio— invita a pensar en la irreversibilidad de algunas de las líneas abiertas por este Papa y en la influencia que puede tener su Pontificado en el futuro. “Lo que no tiene vuelta atrás es la mayoría construida de cardenales no europeos. Eso ya había sido manifestado con sus antecesores, pero con él es estable y va aumentando”, señala Giovanni Maria Vian, director de L’Osservatore Romano y experto en historia de la Iglesia. El equilibrio entre continentes se mantiene a través de una profundización en la atención a las periféricas geográficas. Aunque los cardenales europeos en un posible cónclave seguirían siendo la mayoría, al pasar de 47 a 53, con Francisco, por ejemplo, los del continente americano ya son 35 (17 de Norteamérica, 5 de Centroamérica y 13 de Sudamérica). Los de África pasan de 15 a 17; de Asia pasan de 14 a 16 y de Oceanía siguen siendo 4. En esta ocasión los nombramientos alcanzan a España, Irak, Japón, Madagascar o Perú.

 Francisco acelera la formación de colegio cardenalicio a su medidapulsa en la foto
Pero los datos también permiten dibujar algunas de las ideas que tiene en la cabeza el Papa. España, por ejemplo, cobra una especial importancia siendo el único país que ha tenido en cada uno de los cinco consistorios que ha realizado Francisco desde su nombramiento, al menos, a un cardenal: Fernando Sebastián, Ricardo Blázquez, Carlos Osoro, Juan José Omella. Ahora se suman dos más. Uno elector, Luis Ladaria (prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe) y el claretiano Aquilino Bocos (al tener más de 80 años no participará en el siguiente Cónclave). Y eso sí es algo sin precedentes. “El Papa tiene mucha relación con España. Conoce muy bien el catolicismo español. Le tiene estima y está valorando personas y líneas algo olvidadas en los últimos decenios. Reconoce el valor cristiano y su testimonio en el interior del catolicismo español con una cara dialogante y abierta. No tanto por la sede, como por el que está en esa sede. Los perfiles importan mucho”, señala Vian.

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Luis Ladaria S.J.
Uno de ellos es Luis Ladaria (Manacor, 1944), jesuíta como Francisco y figura clave en el organigrama vaticano: es el español de mayor rango en la curia. Custodio de la ortodoxia de la doctrina (antiguamente se llamaba Santo Oficio o Santa Inquisición) y competente en la materia de asuntos delicados como la reciente confirmación de la ordenación de mujeres como sacerdotes o los abusos a menores, su ascenso entra dentro de la lógica vaticana. Quien ocupa ese cargo —Benedicto XVI lo hizo durante 24 años y su predecesor, el cardenal Gerhard Müller, no fue renovado tras cinco años de resistencias a los cambios y a las sugerencias de la comisión que trata de prevenir los casos de abusos a menores— siempre lleva la birreta roja.

El miércoles por la tarde, Ladaria atiende a este periódico y repasa los últimos acontecimientos en la lucha contra la pederastia en la Iglesia. El cambio de rumbo en Chile —los obispos del país han presentado en masa su renuncia por los escándalos— o la condena a cinco años de cárcel a un exnuncio por posesión de pornografía infantil representan un cambio sustancial respecto a un pasado muy próximo. “Hubo un tiempo en que se tendía a cubrir. No solo la Iglesia, sino la sociedad. Pero los tiempos han cambiado mucho y hoy ya no puede ser. Eso es favorecer que los abusos continúen. Y el hecho de que se trate y se castigue debidamente a quien comete este crimen nos interesa mucho para la prevención. Ya no se quiere ni se va a cubrir, porque no sirve para nada. Y además no sería cristiano”.

El otro español que pasará hoy a ser cardenal, el sexto en la era de Francisco, será Aquilino Bocos (Canillas de Esgueva, 1938). Se enteró de su nombramiento el día de Pentecostés viendo la televisión cuando ni siquiera era Obispo, algo insólito desde hace tiempo. A sus 80 años ya no tiene derecho a participar en el próximo Cónclave, su creación es un reconocimiento a una trayectoria donde, entre otras cosas, ha podido mantener una estrecha relación con Francisco. Interrogado acerca de la agresiva oposición que permanece en algunos sectores de la curia y de la Iglesia al actual Pontífice, Bocos da su opinión sobre ese fenómeno. “No conozco personalmente a nadie de los que lo hacen. Pero esa gente debe leer y estudiar más al Papa. Luego, que sean coherentes. No les pido más. Porque este Papa está transmitiendo un mensaje evangélico nítido, y eso es un don especial que recibe la Iglesia. Cada época tiene un Pontífice distinto y este es el que Dios nos ha dado en este tiempo”. Al siguiente, lo elegirá un colegio de purpurados configurado, cada vez más, por Jorge Mario Bergoglio.

La hora del papa Francisco

El pontificado del papa Francisco atraviesa una fase decisiva. Después de cinco años y medio intensos, algunas de sus grandes reformas han encallado o se encuentran despegando. La transformación económica, la estrategia de comunicación del Vaticano, la lucha contra los abusos o la reformulación de la curia han dado resultados dispares. La euforia inicial ha remitido, y también parte del eco mediático. Pronto tocará renovar el impulso reformista con nombramientos de cargos relevantes aún pendientes en la Secretaría de Estado, en el Consejo de Asesores (C9) y en puestos estratégicos del área económica. En junio ha proseguido la acelerada configuración de un colegio cardenalicio cada vez más a su medida, donde los purpurados que ha nombrado ya superan al resto. Pero las voces críticas no cesan. Son sectores conservadores. Pocos y muy localizados, principalmente en el área estadounidense, señalan fuentes de su entorno. “Ahí la derecha está organizada y tiene dinero”, apunta un veterano cardenal. Son voces persistentes, agresivas y, según alguna de la media docena larga de fuentes consultadas, ya piensan en el sustituto de Francisco.

A veces da la sensación de que el Papa cuenta con más apoyo fuera de la Iglesia que dentro

El ala ultra entra a matar. Considera que Bergoglio, de 81 años, no ha actuado hasta ahora como corresponde a un Pontífice. El periódico conservador Il Tempo tituló la semana pasada a cinco columnas y con gran entusiasmo tipográfico: “Habemus Papa”. Una ironía surgida de un discurso en el que el actual jefe de la Iglesia comparó el aborto por causas médicas (malformaciones, enfermedades…) con las prácticas nazis para conservar la pureza de la raza. En el mismo sermón, subrayó también que una familia la forman solo un hombre y una mujer, algo que tranquilizó a la curva más exaltada de la Iglesia. Como si un Papa pudiera decir lo contrario. “Es el jefe de la Iglesia católica, no de una organización progresista. En temas sociales es abierto, pero doctrinalmente es tan conservador o más que Benedicto XVI. Quien piense que puede aprobar el aborto o los matrimonios de personas del mismo sexo está muy equivocado. Esa, desde luego, no será su herencia”, señala un miembro de la curia que despacha con él.

Francisco absorbe la presión y no suele transmitirla. Pero siempre que tiene ocasión de dar un discurso ante la curia —y ya van cinco— se queja de los chismorreos, de la falta de lealtad. De “la desequilibrada y degenerada lógica de las intrigas o de los pequeños grupos”, dijo estas navidades en el tradicional discurso a sus empleados. En los últimos meses ha visto incluso como le acusaban de hereje. “Esas críticas tocan a su corazón. Nunca hemos tenido en la Iglesia una revuelta tan fuerte de los conservadores contra el Papa. Este frente tradicionalmente ha estado de parte del Pontífice y lo que ocurre con Francisco es insólito. Es difícil entender que pasen de adorar a Benedicto XVI a comportarse así con Francisco”, señala un consejero. La corriente reaccionaria está encabezada por el cardenal Raymond Burke, y espera que este pontificado pase a la historia como una mera anécdota. Pero será en los próximos tiempos cuando quede clara la dimensión de su legado, dentro y también fuera de la Iglesia.

La misión política de los últimos Papas ha variado. El polaco Karol Woytila fue el Pontífice que ayudó a derribar el muro entre este y oeste. Y el actual —el primero en 13 siglos que no viene de Europa— busca derribar la barrera invisible entre el sur y el norte. Lo intenta con la defensa de las migraciones —matizada últimamente cuando señala que solo deben llegar los que puedan ser acogidos— en actos como la misa en San Pedro del pasado viernes para celebrar el quinto aniversario del viaje a Lampedusa; la ecología, a la que dedicó una encíclica o la pobreza. Puede verse en todos sus gestos y en los nombramientos de la cúpula eclesial. Uno de los últimos cardenales, por ejemplo, es Konrad Krajewski, jefe de la oficina de limosnas. Un hombre alejado de la arrogancia principesca que solía otorgar el anillo y el capelo rojo y que conoce de memoria el nombre de todas las personas sin hogar que viven alrededor del Vaticano y de la estación de Termini. Todo esto será sin duda parte de la huella de Francisco, que ha calado también en el mundo laico, donde se aprecia más el impacto social de su obra. Porque a veces da la sensación de que cuenta con más apoyo fuera de la Iglesia que dentro, donde quienes esperaban mayores reformas se impacientan y las luchas de poder han embarrado áreas cruciales como la económica.

La corriente reaccionaria está encabezada por el cardenal Raymond Burke, y espera que este pontificado pase a la historia como una mera anécdota

Las finanzas y el cielo siempre se llevaron mal. Pero después de años de caos, el Vaticano ha homologado sus reglas y controles a las del resto de países. “Moneyval [el organismo europeo que vigila el blanqueo de capitales] lo certifica”, señalan fuentes de la Santa Sede expertas en esta área. El Banco Vaticano (IOR), que gestiona alrededor de 5.700 millones de euros, ha cerrado más de 5.000 cuentas sospechosas desde 2013. Se ha reducido el déficit y hay nuevos órganos de inspección. Los banqueros ahora expían sus pecados en los tribunales y no colgados de un puente. Prueba de ello es el juicio por blanqueo de capitales y malversación de fondos al expresidente del IOR, Angelo Caloia, celebrado esta semana. Pero han sido despedidos auditores generales en circunstancias extrañas (espionaje, denuncias de coacción e insinuaciones de corrupción), y cada vez que se contrata a alguien para poner orden, acaba trasquilado. El jefe de todo esto era el cardenal australiano, George Pell. Una suerte de superministro de finanzas que se encuentra desde hace un año en su país a la espera de juicio por encubrimiento de abusos a menores. Nadie le ha sustituido.

Francisco decidió confiar en Pell pese a las sombras que le acompañaban desde Ballarat, su pequeño pueblo natal, donde se produjeron centenares de abusos sexuales mientras él era sacerdote. Muchos opinan que su ausencia del Vaticano este año ha sido buena. “Había una guerra entre él y el cardenal Calcagno [expresidente del organismo que gestiona el importante patrimonio de la Santa Sede: 3724 unidades inmobiliarias por valor de unos 2.700 millones]. Demasiados hombres luchando por sus territorios, por cada centímetro de poder e influencia...”, señala un asesor. Lo que nadie comprende es porque no se ha nombrado a un sustituto. “No es un buen mensaje”, insiste esta persona, escéptica ante la posibilidad de que Pell haya presentado su renuncia al Papa, pese a que su negativa a hacerlo compromete gravemente la línea de tolerancia cero con los abusos, algo crucial para el pontificado.

El viaje a Chile del pasado enero, un peregrinaje supuestamente tranquilo, se convirtió en una embarazosa tormenta. Una periodista preguntó al Papa por los casos de abusos a menores de un sacerdote chileno y el encubrimiento del caso por parte del obispo Juan Barros. “No deberían haberle dejado expuesto a esa situación”, señala un empleado vaticano. Francisco escuchó la pregunta y respondió airado que eran “calumnias” y que no había pruebas. Decidió él. “Es su estilo. Sigue algunas cosas muy de cerca. Y si le preguntan responde. Pero tiene mucha popularidad”, señala un importante miembro de la curia. Poco después, asumió el error, pidió disculpas, encargó una gran investigación y dio un volantazo tremendo que terminó con una invitación a las víctimas ofendidas en Chile a Santa Marta, y una histórica limpia entre los obispos chilenos, que presentaron su dimisión en bloque. Aquello fue un punto de inflexión.

A su llegada Francisco anunció que continuaría con la política de tolerancia cero con los abusos sexuales iniciada por Benedicto XVI. Creó una comisión pontificia para prevenir estos casos. Pero las dos víctimas que incluyó en el nuevo aparato de prevención abandonaron la comisión dando un portazo y denunciando la obstaculización sistemática de sus propuestas. Especialmente desde la Congregación para la Doctrina de la Fe que entonces dirigía el cardenal Gerhard Müller, como señaló Marie Collins, máxima experta en la materia y ex miembro de la comisión del Vaticano. El purpurado alemán no fue renovado. “El Papa ha mostrado buena disposición en asuntos concretos, pero no ha hecho cambios estructurales determinantes que puedan mantenerse después de él. Cuando llegue otro Pontífice, con otra actitud, podría retrocederse. Esos cambios estructurales serían lo único que garantizaría la seguridad de los niños en el futuro. En Chile ha actuado bien, pero esto debería extenderse a toda la Iglesia y que no se trate de casos aislados”, apunta Collins al teléfono.

Después de años de caos financiero, el Vaticano ha homologado sus reglas y controles a las del resto de países

Una vez le preguntaron a Juan Pablo II cuánta gente trabajaba en el Vaticano. Y el polaco, papa durante 27 años, respondió irónicamente: “Más o menos, la mitad...”. La realidad es que son unos 4.800. Una pesada estructura que requería una transformación. Ha habido nombramientos de mujeres, se ha reducido el número de dicasterios (ministerios del Vaticano), la estrctura es más horizonatal. Y más allá de que se espere una nueva Constitución Apostólica de la curia o la certificación de un histórico deshielo de las relaciones diplomáticas con China que (según fuentes conocedoras del tema, podría llegar en 2019) hay cuórum en que Francisco ha acometido una reforma de las formas. “Es 100% jesuita. Entiende el Pontificado como una misión, como si fuera su diócesis”, señalan fuentes del Vaticano. Y habrá cambios tangibles emprendidos por Francisco difíciles de deshacer, como el traslado de la residencia del Papa a Santa Marta, un movimiento para alejarse del enclaustramiento autorreferencial del Palacio Apostólico. Un gesto que tiene su reflejo también en el empeño por la apertura ecuménica a otras religiones. Pero lo que suceda en el próximo cónclave determinará si otros giros son definitivos.

El jueves 28 de junio, Francisco creó a 14 nuevos purpurados: 11 son menores de 80 años y tendrán voz y voto para elegir al siguiente Pontífice. Los cardenales electores nombrados por él (59) ya son mayoría respecto a los que quedan de Juan Pablo II (19) y de Benedicto XVI (47). Aunque el avance en el control del colegio no garantiza nada (Benedicto XVI era uno de los dos únicos cardenales que no había creado Juan Pablo II cuando le sustituyó), ahora el órgano de decisión –con 125 cardenales, 5 más del límite orientativo fijado por Pablo VI- tiene una composición más heterogénea y periférica. Hay purpurados de cinco continentes y 83 países y una gran parte, prácticamente no se conoce entre sí. Algunos, como el japonés Thomas Aquinas Manyo, ni siquiera hablan un idioma, aparte del latín, que les permita relacionarse con sus colegas cuando toque entrar en la capilla Sixtina, garabatear un nombre en el trozo de papel y ensartarlo en una cuerda.

Las dinámicas y la influencia dentro del cónclave estarán más fragmentadas de ahora en adelante. Los posibles lobbies o presiones se diluirán con la multiplicidad de nacionalides y sensibilidades. En los sanedrines vaticanos siempre hay quinielas y muchos se empeñan en que toca volver a un italiano. Pero los últimos nombramientos no señalan en esa dirección. “Es posible que el próximo Papa sea de nuevo americano o hispanohablante”, señala un veterano alto cargo, con lo que se representaría a alrededor del 40% de católicos. Se habla incluso de un español: el cardenal Juan José Omella. “Lo he hecho muy bien y es el hombre de confianza del Papa en España, una iglesia que aprecia y entiende”, insiste esta fuente.

España es el único país que ha aportado un cardenal en cada uno de los cinco Consistorios celebrados por Francisco (en el último dos: Luis Ladaria, prefecto de la crucial Congregación para la Doctrina de la Fe, y el claretiano Aqulino Bocos). Pero para que se celebre un cónclave, la sede de Pedro debería quedar vacante. Francisco ha dado a entender que seguirá los pasos de Benedicto XVI —que renunció el 11 de febrero de 2013 en medio de una tormenta de escándalos— y se apartará cuando no se sienta con fuerzas. “No pasan los años en vano. Y tiene una salud que no es de roble. Pero es firme, metódico, laborioso, se levanta muy pronto y muy reconcentrado”, subrayaba el cardenal Bocos a este periódico un día antes de su nombramiento. Una renuncia, a corto plazo, no parece probable, apuntan los expertos. Entre otras cosas, porque se crearía la situación más extraña de la historia de la Iglesia: tres papas conviviendo a pocos metros. Y con dos, ya fue un reto.

El día en que se celebró el consistorio, dio la vuelta al mundo la foto de la visita de Francisco a su predecesor para que bendijese a los nuevos cardenales. “El Papa falso besa el anillo del real”, tituló una web. La realidad es que la convivencia entre ambos, un hecho insólito que podía haber sido incómodo, ha resultado excepcional. Por eso el Papa Francisco, cuenta uno interlocutor, se disgustó tanto en marzo cuando el prefecto de la Secretaría de Comunicación, monseñor Dario Viganò, publicó una carta privada que le había mandado Ratzinger. En la misiva defendía a Francisco de las críticas por una supuesta falta de preparación teológica, pero se ocultó un pequeño tirón de orejas. El escándalo fue mayúsculo y Viganò terminó cesado en plena reforma del área de comunicación vaticana. El giro en la estrategia de comunicación había sido presentado por todo lo alto con gigantes vallas publicitarias en la Piazza Navona con la foto del Papa: la mejor marca hoy de la Iglesia católica.

Francisco ha sido la reacción audaz y fulgurante de la Iglesia al descomunal desprestigio que atravesó. A los vientos de cambio que soplaban en el mundo. La Divina Providencia entendió lo que estaba en juego. Todo debía ser nuevo. El primer papa jesuita, el primero americano, también el que inauguró el uso de ese nombre y el primero que convivió con otro hombre que vestía igual. ¿La Iglesia después de Francisco? Un cardenal que participará en el próximo cónclave lo explica así: “Hay cambios, una nueva atmósfera, la curia es más abierta. Pero no está claro qué pasará con un nuevo Papa. La clave está en la gente y en la mentalidad. Hemos visto también gritos, discusiones, decepciones. Debemos esperar, pensar a largo plazo”. Una medida capaz solo de determinar un pontificado.

lunes, 10 de octubre de 2016

Francisco renueva el Cónclave con cardenales de perfiles heroicos y universales

La tercera «hornada» de cardenales del Papa Francisco confirma un perfil de purpurado que enlaza, de modo refrescante, con los primeros tiempos del cristianismo. No cuenta la categoría de la diócesis, la nacionalidad ni la carrera –criterios que los italianos utilizaban para crear sus cordadas-, sino la valía personal.
Cardenales entrando a la capilla Sixtina, durante la elección del Papa Francisco
Los nuevos cardenales de Francisco responden al perfil de los primeros apóstoles, incluyendo un abanico de héroes y mártires, y a los criterios de universalidad y ejemplaridad. Entre los 13 nuevos cardenales electores figuran cuatro arzobispos muy valiosos de lugares remotos como Isla Mauricio, Papúa-Nueva Guinea, Bangla Desh o la República Centroafricana, que jamás hubieran hecho carrera eclesiástica en un sistema lastrado por más de un siglo de maniobras envolventes italianas.
Entre ellos destaca Dieudonné Nzapalainga, arzobispo de Bangui, uno de los «tres santos de Bangui», según el diario «Le Monde». Son el arzobispo católico, el pastor evangélico y el imán jefe, que han recorrido el mundo explicando que la guerra en la República Centroafricana no era un conflicto entre musulmanes y cristianos sino una operación desencadenada por Chad, los intereses del petróleo y los diamantes.

Cuentan las personas

Si los arzobispos de lugares remotos confirman la universalidad de la Iglesia y la atención a las «periferias», los tres arzobispos de ciudades importantes como Madrid, Bruselas y Chicago, subrayan que lo decisivo es la persona, más que el tamaño de la ciudad. La lista anunciada ayer por el Papa confirma el adiós definitivo al concepto de «sedes cardenalicias», utilizada por los italianos para dar el salto al cardenalato desde ciudades como Florencia, Bolonia o Venecia, que fueron importantes en la vida de la Iglesia pero ya no lo son.
El único italiano entre los nuevos cardenales es el nuncio en Damasco, Mario Zenari, que ha sido escogido por estar al servicio «de la amada y martirizada Siria». Es un gesto muy elocuente nombrar cardenal a un nuncio que va a continuar en su país de destino».

Un sacerdote albanés

Pero el gesto más emocionante de esta hornada ha sido el nombramiento como cardenal de un sacerdote albanés, Ernest Simoni Troshani, que pasó 27 años condenado a trabajos forzados en una cantera y en las minas de Spac, un nombre que produce escalofríos a quienes conocieron la tiranía comunista de Enver Hox.
Don Ernesto había sido uno de los fieles albaneses escogidos para hablar ante el Papa en el encuentro con los católicos de Tirana durante el viaje de 2014. Relató su caso prácticamente en tercera persona, casi como si no fuese él quien celebraba la misa de memoria en latín y daba la comunión a otros prisioneros. Pero era un testimonio ejemplar de valentía y ausencia total de odio a sus perseguidores.
Al final, el sacerdote de 86 años se arrodilló ante el Papa. Francisco lo levantó, le abrazó y le besó las manos mientras lloraba y se secaba disimuladamente las lágrimas para que nadie lo notase.
Ahora le impone la birreta púrpura. Como tiene más de 80 años, no puede entrar en cónclave ni ejercer ningún cargo de gobierno en la Curia vaticana. Pero hace algo más importante. Dar ejemplo de caridad y recordar el perfil heroico de los primeros cristianos.

http://www.abc.es/sociedad/abci-francisco-renueva-conclave-cardenales-perfiles-heroicos-y-universales-201610092108_noticia.html

viernes, 6 de mayo de 2016

Discurso Papa Francisco Premio Carlomagno 2016

“¿Qué te ha sucedido Europa humanista, defensora de los derechos humanos, de la democracia y de la libertad? ¿Qué te ha pasado Europa, tierra de poetas, filósofos, artistas, músicos, escritores? ¿Qué te ha ocurrido Europa, madre de pueblos y naciones, madre de grandes hombres y mujeres que fueron capaces de defender y dar la vida por la dignidad de sus hermanos?”

Necesitamos....... Una Europa capaz de dar a luz un nuevo humanismo basado en tres capacidades: la capacidad de integrar, capacidad de comunicación y la capacidad de generar.

El Papa Francisco. Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa

Capacidad de integrar

Las raíces de nuestros pueblos, las raíces de Europa se fueron consolidando en el transcurso de su historia, aprendiendo a integrar en síntesis siempre nuevas las culturas más diversas y sin relación aparente entre ellas. La identidad europea es, y siempre ha sido, una identidad dinámica y multicultural.
La actividad política es consciente de tener entre las manos este trabajo fundamental y que no puede ser pospuesto. Sabemos que «el todo es más que la parte, y también es más que la mera suma de ellas», por lo que se tendrá siempre que trabajar para «ampliar la mirada para reconocer un bien mayor que nos beneficiará a todos» (Evangelii gaudium, 235). Estamos invitados a promover una integración que encuentra en la solidaridad el modo de hacer las cosas, el modo de construir la historia. Una solidaridad que nunca puede ser confundida con la limosna, sino como generación de oportunidades para que todos los habitantes de nuestras ciudades —y de muchas otras ciudades— puedan desarrollar su vida con dignidad. El tiempo nos enseña que no basta solamente la integración geográfica de las personas, sino que el reto es una fuerte integración cultural.

Capacidad de diálogo
Si hay una palabra que tenemos que repetir hasta cansarnos es esta: diálogo. Estamos invitados a promover una cultura del diálogo, tratando por todos los medios de crear instancias para que esto sea posible y nos permita reconstruir el tejido social. La cultura del diálogo implica un auténtico aprendizaje, una ascesis que nos permita reconocer al otro como un interlocutor válido; que nos permita mirar al extranjero, al emigrante, al que pertenece a otra cultura como sujeto digno de ser escuchado, considerado y apreciado. Para nosotros, hoy es urgente involucrar a todos los actores sociales en la promoción de «una cultura que privilegie el diálogo como forma de encuentro, la búsqueda de consensos y acuerdos, pero sin separarla de la preocupación por una sociedad justa, memoriosa y sin exclusiones» (Evangelii gaudium, 239). La paz será duradera en la medida en que armemos a nuestros hijos con las armas del diálogo, les enseñemos la buena batalla del encuentro y la negociación. De esta manera podremos dejarles en herencia una cultura que sepa delinear estrategias no de muerte, sino de vida, no de exclusión, sino de integración.
Esta cultura de diálogo, que debería ser incluida en todos los programas escolares como un eje transversal de las disciplinas, ayudará a inculcar a las nuevas generaciones un modo diferente de resolver los conflictos al que les estamos acostumbrando. Hoy urge crear «coaliciones», no sólo militares o económicas, sino culturales, educativas, filosóficas, religiosas. Coaliciones que pongan de relieve cómo, detrás de muchos conflictos, está en juego con frecuencia el poder de grupos económicos. Coaliciones capaces de defender las personas de ser utilizadas para fines impropios. Armemos a nuestra gente con la cultura del diálogo y del encuentro.
Capacidad de generar
El diálogo, y todo lo que este implica, nos recuerda que nadie puede limitarse a ser un espectador ni un mero observador. Todos, desde el más pequeño al más grande, tienen un papel activo en la construcción de una sociedad integrada y reconciliada. Esta cultura es posible si todos participamos en su elaboración y construcción. La situación actual no permite meros observadores de las luchas ajenas. Al contrario, es un firme llamamiento a la responsabilidad personal y social.
Esto requiere la búsqueda de nuevos modelos económicos más inclusivos y equitativos, orientados no para unos pocos, sino para el beneficio de la gente y de la sociedad. Pienso, por ejemplo, en la economía social de mercado, alentada también por mis predecesores (cf.Juan Pablo II, Discurso al Embajador de la R. F. de Alemania, 8 noviembre 1990). Pasar de una economía que apunta al rédito y al beneficio, basados en la especulación y el préstamo con interés, a una economía social que invierta en las personas creando puestos de trabajo y cualificación.

Con la mente y el corazón, con esperanza y sin vana nostalgia, como un hijo que encuentra en la madre Europa sus raíces de vida y fe, sueño un nuevo humanismo europeo, «un proceso constante de humanización», para el que hace falta «memoria, valor y una sana y humana utopía».10 Sueño una Europa joven, capaz de ser todavía madre: una madre que tenga vida, porque respeta la vida y ofrece esperanza de vida. Sueño una Europa que se hace cargo del niño, que como un hermano socorre al pobre y a los que vienen en busca de acogida, porque ya no tienen nada y piden refugio. Sueño una Europa que escucha y valora a los enfermos y a los ancianos, para que no sean reducidos a objetos improductivos de descarte. Sueño una Europa, donde ser emigrante no sea un delito, sino una invitación a un mayor compromiso con la dignidad de todo ser humano. Sueño una Europa donde los jóvenes respiren el aire limpio de la honestidad, amen la belleza de la cultura y de una vida sencilla, no contaminada por las infinitas necesidades del consumismo; donde casarse y tener hijos sea una responsabilidad y una gran alegría, y no un problema debido a la falta de un trabajo suficientemente estable. Sueño una Europa de las familias, con políticas realmente eficaces, centradas en los rostros más que en los números, en el nacimiento de hijos más que en el aumento de los bienes. Sueño una Europa que promueva y proteja los derechos de cada uno, sin olvidar los deberes para con todos. Sueño una Europa de la cual no se pueda decir que su compromiso por los derechos humanos ha sido su última utopía.